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Los primeros años de vida son determinantes para un buen desarrollo visual. Cuando nacemos, nuestra visión no ha acabado de evolucionar, sino que lo hará en los siguientes años de vida en función de los estímulos que vamos recibiendo. Existen diferentes factores, ya sean congénitos, de desarrollo, así como ambientales que pueden desencadenar alteraciones de la visión, produciendo ambliopía (ojo vago), estrabismo o defectos refractivos importantes: miopía, hipermetropía y/o astigmatismo.

En el niño es muy importante la prevención para poder tratar cualquier alteración que desencadene un problema visual ya estructurado, por ello es aconsejable realizar evaluaciones optométricas a los 6 meses, 3 años y 5 años, coincidiendo con las etapas en que está sometido a diferentes exigencias ambientales.

Para cada edad disponemos de tests específicos que nos ayuden a evaluar el funcionamiento del sistema visual del niño.